



La carne de Cerdo ocupó en España, desde el principio, la primera posición del mercado nacional. Pero a comienzos de la década de los 60 la carne de ave de granja empezó a copar el mercado, incluso relegando a otros puestos a carnes como la del ovino o vacuno.
Ante esta amenaza los ganaderos pensaron en evolucionar y modernizar las explotaciones del sistema tradicional extensivo. Importados desde EEUU trajeron los primeros ejemplares de ganado porcino Duroc-Jersey. Cochinos que debido a sus características fisiológicas, se adaptaron a este medio delicado.
A pesar de las condiciones del animal para su adaptación a la climatología, no lo fue tanto para subsistir en el medio, debido a sus dificultades a caminar, por las características de sus extremidades posteriores.
A los tres meses de la llegada de estos nuevos “vecinos” se inició una prueba de cruce con hembras ibéricas. El resultado no pudo ser más positivo. Del estudio de los lechones se sacaron conclusiones como que el comportamiento de un cerdo cruzado es el mismo que el ibérico, movilidad exploratoria del terreno, más prolífico y veloz, ciclo productivo corto, mayor camada, mayor peso. El gran inconveniente es que el jamón es de peor calidad.
En la actualidad, para que un cerdo cruzado entre macho Duroc y hembra ibérica se pueda denominar ibérico, las combinaciones genéticas ha de tener un 75% de sangre ibérico.
